Brasil tendrá segunda vuelta en un clima polarizado entre Bolsonaro y Haddad

Internacional 2018-10-08 09:21:38 Xinhua

La elección presidencial brasileña será definida en segunda vuelta entre el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), y el centroizquierdista Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), en un ambiente de fuerte polarización política.
Bolsonaro alcanzó 46,7 por ciento de los votos válidos y Haddad 28,3 por ciento, seguidos por Ciro Gomes del Partido Laborista Democrático (PDT), con 12,5 por ciento y Geraldo Alckmin con 4,8 por ciento.
Desde el regreso a la democracia ninguna elección había sido marcada por tanta incertidumbre y tensión entre visiones opuestas sobre la realidad y prioridades del país más grande de América Latina.
La polarización es resultado de una etapa convulsa de la vida política y social de Brasil que agudizó las diferencias sociales y conmocionó el sistema político en su conjunto.
En los últimos cuatro años Brasil ha atravesado una aguda crisis política que resultó en la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff por el Congreso en agosto de 2016. La economía se sumergió en el peor ciclo recesivo de su historia, alcanzando niveles récord de desempleo y una profunda brecha fiscal.
Una sucesión de escándalos de corrupción salpicó a casi todos los partidos, generando descontento social y promoviendo tendencias al extremismo.
Para el consultor y politólogo de la Universidad de Brasilia (UnB) Paulo Kramer el electorado brasileño fue impactado por las denuncias anticorrupción de la Operación Lava Jato (Lavadero), que tuvo como blanco principal, inicialmente, al PT.
"La Operación Lava Jato produjo una masa avasalladora de informaciones sobre corrupción, sobre lo que ningún brasileño puede decir que no sabe. A eso se combinó la peor crisis económica de nuestra historia, con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 9 por ciento en apenas tres años", recordó.  
Kramer consideró que si bien la sociedad brasileña está fuertemente polarizada, el número de los críticos del PT sería mucho más amplio, según indica la geografia de las intenciones de voto.
"El ascenso de una ola anti PT comenzó con las manifestaciones de junio y julio de 2013, que provocó una caída pronunciada de la popularidad de Dilma Rousseff, de la que nunca se recuperó, con manifestaciones crecientes que resultaron en el impeachment", señaló.
El sucesor de Rousseff, Michel Temer, impulsó una agenda de reformas que no se tradujo en la esperada recuperación económica, y también enfrentó graves acusaciones, que derivaron en un cada vez mayor repudio popular a su gobierno.
En ese contexto, la campaña electoral que debía encausar el proceso político adoptó características inéditas.
Por un lado, quien era líder en las encuestas, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, fue preso en abril pasado para cumplir una condena a 12 años y medio de prisión por corrupción luego de un controvertido proceso judicial que lo dejó fuera de la disputa electoral.
A pesar del desgaste del PT, los avances sociales durante los dos mandatos del expresidente lo mantuvieron como preferido del electorado hasta un mes antes de la primera vuelta, cuando la justicia electoral impugnó su candidatura en base a la ley de la ficha limpia.
Paralelamente, irrumpió en el escenario la figura de Bolsonaro, un excapitán del Ejército que, a pesar de siete mandatos como diputado federal, se presentó como "outsider" y logró desplazar, con un discurso ultraderechista, a los candidatos tradicionales del sector liberal-conservador.
A inicios de septiembre, cuando la campaña entró en la etapa de definiciones, Bolsonaro fue apuñalado durante un acto político, lo que impactó profundamente el proceso electoral, reduciendo el fuerte rechazo previo que recogía en las encuestas.
La propia campaña del candidato del PSL explotó la polarización con el PT y con las fuerzas progresistas, apelando a un conservadurismo extremo en el plano político, moral y cultural, y apelando a soluciones de fuerza para los principales problemas brasileños.
Al mismo tiempo, el magro resultado económico de las reformas liberalizantes de Temer redujeron las chances electorales del centro político que apareció como la continuidad de esas propuestas, agrupado en torno de la candidatura de Geraldo Alckmin, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB).
Bolsonaro, que defiende en el área económica un programa ultraliberal, buscó desplazar el eje de la campaña a otros temas como el combate a la inseguridad y cuestiones de orden moral y religioso, lo que hizo que sus propuestas económicas pasaran a ser desconocidas para la mayoría de la población.
En esas condiciones, por primera vez en un cuarto de siglo, el PSDB quedó afuera de la disputa de la segunda vuelta, en beneficio de la extrema derecha.
Kramer, quien es asesor de la campaña de Bolsonaro, apuntó la importancia en la campaña de una división de valores culturales existente en la sociedad brasileña "que no es bien comprendida".
Cita las ideas defendidas por las "élites intelectuales y medios de comunicación", como las demandas de igualdad de género, diversidad sexual y otras actitudes liberalizantes, que chocarían con la visión mayoritaria de la sociedad brasileña.
"No es sólo que esas personas defiendan estilos alternativos de vida, porque eso es legítimo en una democracia, el problema es que esas élites parecen querer imponer esa agenda para toda la sociedad", dijo.
Ese choque de valores tuvo expresión el fin de semana previo a los comicios, cuando multitudinarias manifestaciones convocadas por mujeres con la consigna "Él No" (en referencia a Bolsonaro) fueron respondidas por movilizaciones de adeptos al exmilitar.
Para el profesor David Fleischer, también especialista político de la UnB, otro factor relevante fue el cambio en la edad de los electores, con más personas mayores de 60 años, que sumaron cerca de 18 por ciento, mientras que poco más de 15 por ciento tienen entre 16 y 24 años.
"Nuestra demografía muestra que la expectativa de vida está en torno de 75 años. En 2002 era de 67 o 68 años. Esa franja encima de los 60 años las encuestas mostraban que es más conservadora", apuntó.
En un sentido contrario, menos favorable al voto conservador, está el aumento del electorado femenino, más inclinado al voto a Haddad, que pasó de 51 para 52,6 por ciento.
El candidato petista, que consiguió materializar una importante transferencia de votos de Lula da Silva, su padrino político, para pasar a la segunda vuelta, evitó al inicio atacar a Bolsonaro, quien pasó la mayor parte del último mes internado en un hospital.
En la última semana, ante el crecimiento constante del ultraderechista en las encuestas, el PT decidió salir al ataque y presentar a Haddad como el "candidato de la democracia", que estaría en riesgo.
La campaña hacia la segunda vuelta, prevista para el 28 de octubre, iniciará este mismo lunes en lo que se presagia como una de las disputas más encarnizadas de la historia política brasileña. 

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