Los costes de la guerra comercial

Internacional 2018-07-27 16:43:13 CNTV

Según un antiguo proverbio africano, "cuando los elefantes luchan, es la hierba la que sufre". Lo mismo se aplica a las guerras comerciales en sin ambages: cuando las principales economías chocan, los países en desarrollo se hallarán entre los más afectados.

Sabemos por la historia que nadie "gana" en una guerra comercial. Los aumentos arancelarios de los principales países comerciantes representan un paso atrás en los esfuerzos desde el final de la Segunda Guerra Mundial por eliminar las barreras comerciales y facilitar el comercio mundial.

Desde que entró en vigor el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en 1947, el valor promedio de los aranceles vigentes en todo el mundo disminuyó en un 85 por ciento. Eso no es una coincidencia; más bien, es el resultado de la cooperación multilateral y ocho rondas de negociaciones comerciales mundiales, primero bajo el GATT, y luego bajo su sucesor, la Organización Mundial del Comercio.

Las reducciones arancelarias, junto con los avances tecnológicos, impulsaron la extraordinaria expansión del comercio mundial que hemos presenciado sólo en nuestras vidas. En 1960, el comercio como porcentaje del PIB mundial era del 24 por ciento; hoy alcanza casi el 60 por ciento.

La expansión del comercio ha impulsado el crecimiento económico, creado puestos de trabajo y aumentado los ingresos de los hogares en todo el mundo. Es un factor clave detrás del surgimiento del Sur global, donde docenas de países en desarrollo han experimentado un fuerte crecimiento económico y un cambio social positivo. E hizo posible uno de los logros más notables en la historia de la humanidad: sacar a mil millones de personas de la pobreza en el espacio de apenas dos décadas.

Sin embargo, la expansión del comercio no ha beneficiado a todos por igual. Y en algunos casos, ha causado degradación ambiental y desplazamiento económico, y muchas personas ahora se sienten abandonadas. Estos son problemas serios y legítimos que deben abordarse. Pero el unilateralismo no es la forma de hacerlo. Los desafíos globales exigen soluciones globales.

Desafortunadamente, las acciones comerciales actuales auguran una situación en la que todos perderán. En una guerra comercial, las empresas de una amplia gama de sectores perderán ganancias y los trabajadores perderán empleos. Los gobiernos perderán ingresos y los consumidores tendrán menos oferta de productos a mano. Y, sin importar dónde se encuentren, las empresas, los gobiernos y los hogares incurrirán en costos más elevados.

Peor aún, una guerra comercial global podría poner en peligro el sistema multilateral de comercio en sí mismo. Sin duda daría lugar a aumentos de tarifas superiores a cualquier cosa que hayamos visto en la historia reciente. La investigación de la UNCTAD muestra que los aranceles promedio podrían aumentar desde niveles insignificantes hasta un 30 por ciento para los exportadores estadounidenses, al igual que un 35 por ciento y un 40 por ciento para los exportadores de la UE y China, respectivamente. Por lo tanto, incluso si los "elefantes" tienen suficiente peso económico para resistir una guerra comercial, no se beneficiarían de una.

Y, por supuesto, los países en desarrollo que no jugaron ningún tipo de papel en el inicio del conflicto serían aún menos capaces de pagarlo y hacerle frente. En promedio, los aranceles aplicados a las exportaciones de los países en desarrollo podrían aumentar de 3 a 37 por ciento. Pero mientras que los aranceles promedio que afectan a países como Nigeria y Zambia probablemente no superarían el 10 por ciento, los que afectan a México podrían alcanzar hasta el 60 por ciento. Del mismo modo, países como Costa Rica, Etiopía, Sri Lanka, Bangladesh y Turquía podrían enfrentar aranceles promedio del 40-50 por ciento.

Además, una guerra comercial sería un duro golpe para los países más pobres del mundo, y para la esperanza de duplicar la participación de “los países menos desarrollados en las exportaciones mundiales” para 2020 en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Pondría en peligro la frágil recuperación económica desde la crisis financiera mundial de hace una década, lo que socavaría el crecimiento y el desarrollo en todo el mundo. Y limitaría la medida en que el comercio podría utilizarse para avanzar en los objetivos globales.

El daño causado por una guerra comercial total se sentiría mucho más allá del ámbito del comercio internacional. El clima comercial de hoy refleja una inquietante tendencia global hacia el unilateralismo nacionalista. Los países que ayudaron a reformar nuestro mundo a través del comercio están abandonando la cooperación internacional, y ese cambio puede tener serias implicaciones para otras áreas, como los esfuerzos globales para combatir el cambio climático y garantizar la paz y la prosperidad para todos. La forma más fácil de ganar una guerra comercial es evitarla por completo.

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