Contra el terrorismo

Reportajes 2017-08-18 21:21:50 CRI

Por Xulio Ríos

Los atentados que han sacudido Cataluña en las últimas horas, con un elevado balance de muertos y heridos, han causado una profunda desazón. Las fuerzas de seguridad llevaban meses en máxima alerta pero una vez más se constata la dificultad de afrontar con garantías totales el desafío del terror aunque sus capacidades se han logrado reducir considerablemente a la vista del balance de sospechosos detenidos en el último año.

Más allá de la acción policial, la respuesta contra el terrorismo en Europa precisa atender a las causas profundas. Además de los factores religiosos y culturales, cierto que con una larga historia, para entender lo que enfrentamos no hay que mirar tan atrás. Si no lo hacemos así, el terrorismo continuará expandiéndose. Una cuestión importante es reflexionare sobre por qué hay tantos estados fallidos hoy día. Podemos pensar que responde a una estrategia deliberada (cuanto peor, mejor) que alienta el caos y facilita la reclamación de un gendarme mundial. O simplemente que los métodos utilizados por las potencias occidentales para ganar influencia en determinadas áreas geopolíticas se vuelven en contra de ellas saliéndole el tiro por la culata.

Si uno piensa en Iraq o Libia, dos casos emblemáticos, donde hubo un desmedido empeño de algunas potencias en derrocar los regímenes existentes, constatamos que a posteriori no se plasmaron las democracias que algunos prometían. Las "revoluciones de color" promovidas por Occidente acabaron por convertirse en fábricas de estados fallidos o muy inestables. Y muchas de nuestras acciones en dichos estados alimentan un antioccidentalismo radical que deriva en la guerra asimétrica que sacude nuestras sociedades.

Cuando se nos presentan las acciones del terrorismo como el resultado de la conducta de personas que simplemente enloquecieron o son víctimas de su propio vacío, pasamos por alto que un factor objetivo que puede explicarlo es nuestra propia política, es decir, nuestro propio fracaso. O fracasos. En primer lugar, de una integración cultural difícil de plasmar cuando su esencia nos remite a tradiciones monoteístas que son expresión de una misma intolerancia. Históricamente, en nuestro entorno, las diferentes creencias religiosas llevan a un conflicto interminable y a la guerra. Por otra parte, el multiculturalismo se nos revela como un ideal loable pero difícil de materializar incluso en democracias liberales y asentadas porque en la propia cultura dominante el factor religioso es un magma tan unificador como excluyente. Esto hace que las probabilidades de éxito del multiculturalismo sean reducidas y requerirá, en todo caso, tiempo, mucho tiempo, y una acción minuciosa. En tercer lugar, cabe significar la importancia del fracaso de las políticas sociales y económicas, agravado en los últimos tiempos. Ya no es que la política social se amplíe o no lo suficiente a determinadas minorías sino que el modelo imperante sacrifica la justicia social en aras del beneficio económico y esto desgarra las propias sociedades marginando a determinados colectivos, empeorando su situación. La solidez de las políticas sociales que podían exhibir las sociedades occidentales está en tela de juicio.

Tras el fin de la guerra fría y el mundo bipolar, los intereses geopolíticos y las paranoias ideológicas llevaron a Europa a una pérdida progresiva de identidad, subsumida en el atlantismo dominante. En 1991, se soñaba con la Casa Común Europea y se imaginaba a Bruselas como una voz genuina en el concierto global. Aquella Europa está prácticamente desaparecida en el mundo.

Las soluciones policiales pueden permitir cierto acorralamiento del terrorismo. Pero Europa no precisa una alianza de circunstancias sino asumir un liderazgo, un discurso y una estrategia que afirme una diplomacia propia.

Europa puede y debe mejorar su seguridad pero, sobre todo, debe formular una política exterior genuina conforme a la identidad y naturaleza de su proyecto. Sin eso, no atajaremos las causas estructurales que inciden en la expansión del terrorismo. Solo actuaremos sobre los síntomas.



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