Rutas para otro modelo de globalización

Reportajes 2017-05-11 15:55:49 CRI

Xulio Ríos

El alcance del proyecto de la Franja y la Ruta, propuesto por China, va mucho más allá de la mera interacción con los países directamente involucrados por razones estrictamente geográficas, ya sean de un continente u otro, para incidir de forma notoria en la superación de los agujeros negros del modelo de globalización liderado por Occidente.

La iniciativa, por tanto, tiene una necesaria triple misión. Primero, la forma china de pensar y de actuar apunta al fomento de mecanismos de transformación económica y social que revelan una concepción del desarrollo ligada al trazado de las vigas indispensables para el crecimiento, es decir, las infraestructuras y otros proyectos de calado estructural, no solo comercio, capaces de representar saltos cualitativos en las economías de cualquier país. En este sentido, la iniciativa de la Franja y la Ruta dispone de una enorme potencialidad para generar oportunidades que solventen deficiencias de alto porte en los numerosos estados por los que transita, más de medio centenar, muy especialmente en los menos desarrollados.

Segundo, el avance de una economía mundial centrada en el bienestar de las personas, llamadas realmente a ocupar el epicentro del desarrollo en todo tiempo y situación, exige hoy un esfuerzo adicional para civilizar la globalización, esto es, enmendando uno de los principales retos globales, la superación de las desigualdades y los desequilibrios que son fuente de inestabilidad e incertidumbre. Es por eso que la Franja y la Ruta deben contribuir a auspiciar un desarrollo inclusivo que evite las polarizaciones de todo tipo, incorporando las lecciones derivadas no solo de la crisis financiera de 2008, en buena medida saldada sobre las espaldas de los más débiles, sino del modelo neoliberal, una estrategia de crecimiento que exaspera las tensiones.

Tercero, el reto ambiental. El nuevo impulso que representa la Franja y la Ruta no puede conducirse bajo la máxima de “primero manchar, después limpiar”, sino incorporando de raíz la sensibilidad con el medio ambiente, comprometiéndose con el fomento de energías limpias y de modelos sostenibles.

China debe ser consciente de este marco general a modo de telón de fondo. La creación de una red de infraestructuras y comercio tan vasta exige una mancomunidad de esfuerzos que deben acentuar el valor del diálogo y el conocimiento mutuo, vertebrando la confluencia de las estrategias nacionales, regionales y globales. No basta ya con el fomento del crecimiento a la vieja usanza sino que se precisan otra filosofía y otras ideas si queremos preservar la tendencia general de la globalización económica de la que tanto se ha beneficiado ella misma. El aporte chino que ahora se requiere sugiere una nueva etapa en dicho proceso en el que podría abrir importantes huecos al creciente peso de los países en desarrollo en el PIB global pero igualmente a nuevos enfoques del desarrollo más acordes con su propio acervo filosófico-civilizatorio, trayectoria histórica y compromiso ideológico.

Con China consolidada como la tercera potencia inversora a nivel mundial, la Franja y la Ruta ofrece un marco coherente para persistir en dicha línea pero igualmente para diversificar las direcciones de sus inversiones. No solo se trata de corredores de transporte sino de numerosos flujos yuxtapuestos que aseguran la multiplicación de los impactos.

China ganará mayor influencia a partir de ahora en el diseño de la globalización que, en consecuencia, incorporará nuevos matices. Asumirá mayores responsabilidades globales, con más estrategias para complementar que para suplir. Ello será reflejo no solo de su propio modelo de desarrollo, en plena transición, sino de un ideario que persiste tanto en el reconocimiento de las diferencias como en la búsqueda de los intereses comunes. En esas circunstancias, los países en desarrollo, con menos reticencias que los países desarrollados, encaran la posibilidad efectiva de tomar parte en la mayor modificación del mapa económico del mundo en las últimas décadas. Y los colectivos olvidados, una esperanza de cierta redención.

No faltarán dificultades de todo tipo, naturales o físicas, y también políticas y geopolíticas, para que los diferentes tramos y destinos del proyecto puedan consolidarse de forma eficaz. No obstante, el relanzamiento del proceso de globalización así concebido sobre otras bases puede encontrar un importante caudal de receptividad y simpatía global.

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.

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