El hacha de oro

Historia 2017-04-27 16:24:39 China Hoy

Texto e ilustraciones: Yang Yongqing

Había una vez un niño llamado Cheng Cheng. Como había nacido en una familia pobre, de muy joven comenzó a trabajar en la casa de un terrateniente tan tacaño que le apodaban el “Nunca Satisfecho”. El “Nunca Satisfecho” mandaba todos los días a Cheng Cheng a transportar agua, limpiar el piso, cortar la leña, entre otras labores, pero a menudo no le daba comida.

Un día, Cheng Cheng regresó a casa del terrateniente luego de transportar agua, cuando el “Nunca Satisfecho” le dio un hacha y le ordenó ir a cortar leña. Tan cansado estaba Cheng Cheng que al pasar por un pequeño puente le flanquearon las piernas y estuvo a punto de caerse. Sin embargo, el hacha se le cayó al río y desapareció rápidamente.

Cheng Cheng había perdido el hacha y no podía cortar leña. ¡Cuando regresase a casa le esperaría una paliza del terrateniente! Cheng Cheng se sentó en la orilla del río y se puso a llorar. Al oír su llanto, el dios del río se le acercó convertido en un anciano de barba blanca: “Hijo, ¿por qué lloras?”.

El hacha de oro

El hacha de oro

Cheng Cheng le contó cómo había perdido el hacha. “¡Espera, hijo!”, le dijo el anciano, quien se lanzó al río de rápida corriente. “¡Tenga cuidado, abuelo!”, le gritó el chico.

Un rato después, el anciano salió del agua levantando un hacha de oro y le preguntó: “Hijo, ¿esta es el hacha que has perdido?”. Moviendo las manos, Cheng Cheng negó con toda sinceridad: “No, esa no es mi hacha”.

Más tarde, el anciano salió con un hacha de plata y le preguntó: “Hijo, ¿esta es el hacha que has perdido?”. Cheng Cheng lo negó otra vez con sus manos: “No, esa tampoco es mi hacha”.

Cuando el anciano salió del agua por tercera vez y Cheng Cheng vio su hacha de hierro en las manos del abuelo, no pudo controlar su alegría: “¡Esa es mi hacha! ¡Gracias, abuelo!”.

Cheng Cheng tomó el hacha y con una manga la secó. Cuando levantó la cabeza para darle nuevamente las gracias al anciano, descubrió que este ya había desaparecido.

Con un agradecimiento sincero en el corazón, Cheng Cheng fue a cortar leña en las montañas. El hacha, por haber pasado por las manos del anciano, tenía poderes mágicos y se había vuelto muy afilada. Las ramas de los árboles se quebraban con el solo roce del hacha. En poco tiempo, Cheng Cheng había logrado cortar ya toda la leña que necesitaba.

El hacha de oro

Al ver a Cheng Cheng regresar, el “Nunca Satisfecho” comenzó a regañarle: “Tan tarde regresas. ¿Adónde fuiste a jugar?”. Cheng Cheng le contó todo lo que había pasado y el “Nunca Satisfecho” reaccionó con ira: “Eres el más tonto del mundo. ¿Por qué no pediste el hacha de oro? ¡También podía haber sido el de plata!”.

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