El viejo encanto de los callejones

Arquitectura 2016-09-18 15:23:50 China Hoy

Por CAO PENG*

La entrada de un antiguo patio en el callejón de Dongsishisitiao, en Beijing

La entrada de un antiguo patio en el callejón de Dongsishisitiao, en Beijing

La calle es una selva de cemento, cantaba el célebre Héctor Lavoe. Desde arriba, las avenidas llenas de carros parecen ciempiés que avanzan paralelamente a cientos de hormigas -o personas- corriendo al vaivén de la modernidad. Sin embargo, en ese escenario típico de una metrópolis, siempre hay callejones donde el pasado sigue vivo. Estos lugares parecen portadores de memorias de personas que por tradición oral han transmitido la historia y la cultura folclórica locales de generación en generación. A estos lugares, unos acuden por nostalgia, otros van como turistas y hay quienes abren allí pequeños negocios.

Calles en la memoria

La calle Rongzhuangjie en la ciudad de Nanjing

La calle Rongzhuangjie en la ciudad de Nanjing

Los hutongs (callejones) de Beijing han atestiguado muchos cambios en el pasado, sus paredes de ladrillos gastados reflejan las huellas del tiempo. “Recuerdo que en mi niñez los adultos nos llamaban ‘pequeños corredizos de hutongs' porque pasábamos todos los días corriendo y jugando por los callejones con los amigos. En la primavera, desde los patios contemplábamos las nubes blancas en el cielo azul, en el verano nadábamos en los lagos cercanos, en el otoño jugábamos al ‘Bagen' bajo los árboles -un juego en el que dos niños cruzan pecíolos de dos hojas caídas y los tiran hacia direcciones contrarias. Aquel niño cuyo pedúnculo se corta primero, pierde-. En el invierno patinábamos en el lago congelado o nos tirábamos bolas de nieve. En aquel entonces, era normal y frecuente que los vecinos se visitaran mutuamente. En los días de festejo, la familia que tenía televisor invitaba a los vecinos a ver los programas y todos se divertían en un ambiente muy animado. Ni siquiera el paso del tiempo hizo que cambiara mi gusto por la forma de vida de los hutongs porque es simple y tranquila”, recuerda Wei Jianjun, quien vivió en los hutongs cerca del lago Longtan durante 50 años. Esas calles estrechas fueron testigos de la mayor parte de las alegrías de su vida.

Al igual que Beijing, Nanjing es una antigua capital de China. Con el desarrollo en los últimos años, la ciudad se ha convertido en una verdadera metrópolis. “En mis recuerdos, mi pueblo natal no tenía tantos grandes edificios. Por el contrario, era más bien tranquila. En la antigua ciudad de Nanjing había calles empedradas con tiendas a ambos lados”. Xu Chenyang, que vivía en la calle Rongzhuangjie, nos dice: “Durante ese tiempo, en el verano, las personas tomaban el fresco al pie de la enorme puerta de la muralla de la ciudad. No había baño en la casa, así que teníamos que lavarnos en una bañera de madera y luego nos echábamos talco. Todavía recuerdo la sensación un poco picante que sentía cuando el talco tocaba la piel. Hoy la vida ha cambiado por completo. A veces vuelvo a las antiguas puertas de la muralla para revivir los recuerdos de mi infancia”. Hoy en día, Xu Shenyang estudia en Rusia y, a menudo, se siente nostálgico de la antigua ciudad de Nanjing.

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